jueves, 2 de febrero de 2017

Suspiros afables

SUSPIROS AFABLES

Son malinterpretables mis palabras
y mis deseos de arrancarte la blusa.
Es escusa este poema para tus dudas
pasajeras.
Eres musa y reina de mis sueños,
nada más, perlo ojalá coincidas hoy conmigo
en el divagar de mi cerebro. 
Parte de mi pasado y un cacho
de mi presente ¡Que suerte tenerte!

 Si fueras mía, ya no existirías,
no debo tocarte, querer quiero, pero 
no eres más que un capricho 
en forma de espina que me clavé
cuando agarré la rosa astuta de los sentimientos.

Es fugaz soñar contigo, con tus besos,
¡Ay! pero cuan marcados se me quedan,
son el suspiro del siguiente día entero. 

Y eres imposible, y te rechazaría, 
y me encantas. Debería odiarte, pero,
sueño acariciarte, y qué calor 
me sube por el pecho, ¡qué vivo 
me haces cuando duermo! Y despierto,
soy feliz recordando esa imagen
en la que hago lo incorrecto. 

Aprendí a no tenerte, 
si algún día, mi vida, 
se convirtiera en sueño, 
perdería.
a esa mi reina musa.
mi mar profundo
de olas descaradas.
Perdería,
el suspiro cuando despierto. 

jueves, 12 de enero de 2017

Discurso de investidura del cuervo presidente del Sindicato de las Aves Perdidas (SAP)

DISCURSO DE INVESTIDURA DEL CUERVO PRESIDENTE DEL SINDICATO DE LAS AVES PERDIDAS: 

Hoy pongo voz, a todas aquellas palomas, colibrís, patos, jilgueros e incluso loros que viváis en el aire y fluyáis por él mismo sabiendo que os maneja como si no fuerais seres vivos. A todas aquellas que pian cuando no tienen cuerpo de piar o que tienen que anidar de nuevo cuando un temporal destruyó su antiguo nido. Aquellas que no han tenido siempre alguien con quien compartir su vuelo, o que han sido rechazados de cualquier tejado de cualquier iglesia solo por ser ellos mismos. También le pondré voz a quien no haya tenido adversidades, pues para ellos también va este discurso. 

De antemano, quiero haceros ver, aunque seamos minoría, que nunca me daré por vencido, y aunque difícil sea nuestro destino, lucharé sin usar mis garras en esta vida donde tenemos que emigrar solo porque está establecido. 

Fui joven, y como muchas de nosotras, me caí del nido donde con mis hermanas peleaba por el dulce manjar que del pico de nuestra madre emanaba. Si hubiera sabido, que ésta rechazaría mi imagen después de que mi inocencia hiciera mella y me cayera de nuestro fugaz hogar, me habría tirado yo mismo cual águila planea cuando avista a su objetivo. Pero no la culpo, no es preciso culpar a aquellos que nos rechazaron por sus creencias o prejuicios, ellos no tuvieron la suerte de sufrir, lo que nosotros hemos sufrido, y por consecuencia no pudieron ver, como nosotros, a otros de nuestra especie volar, desde el suelo, simplemente volaban. 
¿Cómo van a pararse a pensar qué está bien y qué está mal, si nada ni nadie les ha dado un por qué para pensar? Es más fácil vivir sin cuestionarse a uno mismo, o a la sociedad.

Nuestras debilidades nos hicieron fuertes, nos hicieron luchar con el día a día. ¿Para que seguir viviendo si tengo que pelear el triple que otras aves por disfrutar un poco de una ligera brisa? La respuesta se nos hizo lógica con la experiencia, ¡Nosotros apreciamos la brisa! Puede que no volemos como las aves prodigio (nadie nos enseñó a plegar las alas), puede que no consigamos comida tan fácilmente (nadie nos enseñó a encontrarla)... Y qué más da lo habilidosos que seamos siempre que podamos disfrutar de cualquier atardecer sin necesidad de tener bajo nosotros el tejado más bonito.

Es normal que te entre furia viendo como algunas tienen todos los privilegios que nosotras nunca tuvimos y que no los aprecien ni los compartan aunque les sobre; aquellas que pueden anidar cerca de la iglesia,  que pueden resguardarse a salvo de las lluvias en invierno, que tienen una fuente de agua cerca de sus nidos y a un señor mayor que les lanza pan todos los domingos...  Pero no son culpables. 
¿Creéis si quiera que son capaces de razonar que haya seres vivos que vivan sin nada de eso? 

Y ese es mi discurso, no culpéis ni odiéis a quien sea por ser como simplemente es, regañad al que no es y aparenta serlo. Tengamos orgullo propio y unámonos. Querámonos y transmitámos ese amor a todos. Ganémonos el respeto de las demás aves con respeto, y si no nos lo quieren dar, no lloremos ni supliquemos por él, eduquemos a las aves futuras en el lenguaje del querer por simplemente ser, y quien no quiera querer, que disfrute de su soledad más amarga. Nunca existirá una paz para todos si existe un enemigo.

¡Viva la SAP! ¡Vivan los seres vivos! 



viernes, 23 de diciembre de 2016

A la piromanía y otras enfermedades raras:

No puede el pirómano en su cordura jugar con cerrillos solemnes, porque se contagia de su belleza y la expande por todos lados como esporas derramadas, como esperma rojo y amarillo y de colores que se pierden a los ojos del loco.

No debe el poeta, en su poesía,  jugar con miradas, palabras,  pájaros que aniden en otros balcones, porque se ahoga en  ideas que le explotan en versos, y se le derraman en su corazón, y vierte entre papeles, entre las manos que no le conocen o en una cripta sin nombre que se abre...

sábado, 12 de noviembre de 2016

En los campos de Flandes crecen las amapolas.

Hoy, 11 de noviembre, se conmemora el armisticio de la Primera Guerra Mundial. En los países de la Commonwealth, Francia, Bélgica y otras naciones se honra en este día a los caídos en las dos guerras mundiales y conflictos posteriores. En Estados Unidos es el día del Veterano.
El armisticio entró en vigor “a las once horas del día once del mes once” de 1918, momento en el que cesaron las hostilidades. Existe la costumbre de guardar un minuto de silencio en ese momento y los creyentes suelen rezar una oración por los caídos.
En la Commonwealth es tradicional que en las semanas previas al Remembrance Sunday (hace tiempo que se trasladó la conmemoración  al domingo más próximo al 11 de noviembre) se lleve en la solapa una amapola de papel, tela u otro material; la mayoría de ellas es elaborada por la Royal British Legion, una organización caritativa que destina fondos y ayuda de todo tipo a los veteranos, los combatientes y sus familias. Los campos de Flandes, donde cayeron tantos soldados en la Primera Guerra Mundial, estaban cubiertos de amapolas. Y éstas quedaron consagradas como flor emblemática tras la publicación del poema In Flanders Fields, uno de los más populares de la 1ª Guerra Mundial,  compuesto por el médico canadiense John MacRae en 1915 tras perder a un amigo y compañero de armas en la segunda batalla de Ypres.

In Flanders Fields
In Flanders fields the poppies blow
Between the crosses, row on row,
That mark our place; and in the sky
The larks, still bravely singing, fly
Scarce heard amid the guns below.
We are the Dead. Short days ago
We lived, felt dawn, saw sunset glow,
Loved and were loved, and now we lie
In Flanders fields.
Take up our quarrel with the foe:
To you from failing hands we throw
The torch; be yours to hold it high.
If ye break faith with us who die
We shall not sleep, though poppies grow
In Flanders field.


De: https://navegandohaciabizancio.wordpress.com/2012/11/11/en-los-campos-de-flandes/

Aquí el link de la noticia que cuenta cómo la FIFA ha decidido amonestar a las selecciones de Escocia e Inglaterra por lucir la amapola en un brazalete negro.
Sinceramente apoyo la decisión de los equipos, pues creo que se trata de una buena forma de hacer honor a los que cayeron, recordar el pasado e intentar hacer reflexionar a los aficionados para no cometer errores similares en el futuro. Una especie de lazo entre historia, deporte y cultura, una forma distinta de llegar a la gente.

http://www.elmundo.es/deportes/2016/11/11/58263237e2704ed45b8b4597.html

Fragmento

Siguen sonando sonajas
con cabezas de serpiente.
Reticulados fonemas se propagan,
tú me dices lo que sientes.

Tu rostro luce amarillo
pero sin luz eres encalada.
Vibras como los grillos
y muges como una vaca.


viernes, 11 de noviembre de 2016

Pablo Neruda.


ORÉGANO
Cuando aprendí con lentitud
a hablar
creo que ya aprendí la incoherencia:
no me entendía nadie, ni yo mismo,
y odié aquellas palabras
que me volvían siempre
al mismo pozo,
al pozo de mi ser aún oscuro,
aún traspasado de mi nacimiento,
hasta que me encontré sobre un andén
o en un campo recién estrenado
una palabra: orégano,
palabra que me desenredó
como sacándome de un laberinto. 



No quise aprender más palabra alguna.


Quemé los diccionarios,
me encerré en esas sílabas cantoras,
retrospectivas, mágicas, silvestres,
y a todo grito por la orilla
de los ríos,
entre las afiladas espadañas
o en el cemento de la ciudadela,
en minas, oficinas y velorios,
yo masticaba mi palabra orégano
y era como si fuera una paloma
la que soltaba entre los ignorantes.



Qué olor a corazón temible,
qué olor a violetario verdadero,
y qué forma de párpado
para dormir cerrando los ojos:
la noche tiene orégano
y otras veces haciéndose revólver
me acompañó a pasear entre las fieras:
esa palabra defendió mis versos.



Un tarascón, unos colmillos (iban
sin duda a destrozarme)
los jabalíes y los cocodrilos:
entonces
saqué de mi bolsillo
mi estimable palabra:
orégano, grité con alegría,
blandiéndola en mi mano temblorosa.



Oh milagro, las fieras asustadas
me pidieron perdón y me pidieron
humildemente orégano.



Oh lepidóptero entre las palabras,
oh palabra helicóptero,
purísima y preñada
como una aparición sacerdotal
y cargada de aroma,
territorial como un leopardo negro,
fosforescente orégano
que me sirvió para no hablar con nadie,
y para aclarar mi destino
renunciando al alarde del discurso
con un secreto idioma, el del orégano.

martes, 8 de noviembre de 2016

Reflexión

Eres, de entre las corrientes,
sonoro parpadeo y viento, 
tempestad clara y pura,
Odisea sin escritos. 

Eneida soñada en su
señorío, versos, frescura.

Locura nerudiana
orquestando mi ventura.

Mas allá de toda comprensión,
antes de siquiera conocer 
sabores, habladurías por la noche. 

Bendita criatura verde,
oriental entre las praderas,
naciste desde el humo
inclinándote hacia la primavera,
tomando entre los caminos
oro, poesía, madera.

Quise dibujarte con 
unas cuantas palabras,
eligiendo estructuras

Temiendo olvidar el vino, 
el olor de tus ataduras. 

Pasé cerca de tu alma 
usando lápices de cera,
encendido en mí mismo
derretido en mi muerte,
obviando tu presencia. 

Duele, a veces dolía, 
esperarte y no verte
correr y no alcanzarte,
ir donde me lleve tu canto,
riendo hasta despertarme.