viernes, 13 de mayo de 2016

Como el café

Para ti, como el café,
estoy manchado,
pero aún así, como es,
te lo tomas y otra vez,
dejándome de lado
y escudandote en tu fe,
anuncias cn tus labios mojados
que no sabes por qué,
por qué ando tan errado
y me sueño en tu querer.

martes, 3 de mayo de 2016

sábado, 30 de abril de 2016

Soneto Mayúsculo

Si fuera yo el marinero que mira
el cielo en busca de luz que le guiara
la barca oscura sobre el agua clara,
vería estrellas quemarse en una pira.

¡Los astros giraron como una espira!
El cielo dejó entonces de ser mampara
para ser feliz meta que ablandara
la piel del marino que le suspira.

¡Gracias estrellas! Por ser astillero
del barco que se quedó sin el faro
de llama, calores, consuelo y amparo.

¡Venid astros! Golpeadme con acero.
Tened entonces bien que os quiero claro,
tened entonces claro -que Yo- os quiero.

jueves, 28 de abril de 2016

Deberes humanos

Escribamos en el tiempo,
en la memoria, en la honra
de los hombres y de las
mujeres que, a estirpe redimida,
en su aliento decoran
y, luz de vida,
en su gesto rememoran
el noble arte del servir.

Acentuemos en las jaulas
de barrotes y manecillas,
en lo cuantificable
del minuto y del día,
el emocionar humano
y su esencia de ambrosía,
bebamos con el sediento,
cantemos a cada ilusión
y a cada momento,
por el tiempo renacido
del sueño y la poesía.

GR-TV

martes, 26 de abril de 2016

Hay cosas que no importan

como el agua que se te pega a la piel cuando sales de la ducha de la playa o la manera en la que miras al final del aire cuando piensas sobre algo que acabas de leer. Tampoco importa cómo cruzas las piernas después de comer, ni cómo te humedeces los labios después de dar un bocado a una manzana. Ya no importa que no te gusten los guisantes, ni que le eches kétchup a todo. No importa que odies el mono de whatsapp y que nunca le pongas tilde a todavía.

Hay cosas que nunca importaron, como tu manera de hablar cuando hablas con mis padres. Tampoco importa el cansancio de tu lengua por las mañanas, cuando arrastras las palabras como quien tira de un avión. No importa que apoyes los codos en la mesa, que te llenes los labios de pasta de dientes, que no te guste la ginebra. Que me confieses que cuando me llamas cuando estoy enfadada es porque te gusta escuchar las palabras entre labios fruncidos. Ya no importa cómo hueles, ni cómo sabes por las mañanas en la cama y no importa que se te caiga el pelo en la frente.


Hay cosas que ya nunca importarán, como tu camisa roja y azul o tus vaqueros negros. No importará cómo girabas la cabeza cuando no entendías lo que quería decir, ni cómo cerrabas los ojos y arrugabas la nariz cuando intentabas no reírte. No importará la manera en la que piensas con el dedo índice sobre los labios, ni cómo sonreías cuando me arreglaba el pelo en tus gafas de sol. Tampoco que odies mi música y mis zapatos, a mi amiga Manu y nuestra foto al lado de mi cama. Ya no importa que no te guste mi vestido blanco porque ya no importa nada de esto, igual que no importa que esté escribiendo sobre ti a estas alturas del año porque, en realidad, a finales de abril nada importa de verdad.  

domingo, 24 de abril de 2016

A un tesoro

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pero no es plan, porque hoy es el cumpleaños del que sin duda es mi mejor amigo. El que siempre está ahí, cuando todos los demás se han ido. El que me alaga cuando quiere, y me corrige cuando lo necesito. Hoy se hace un año más viejo, un año más sabio y sólo queda brindar por que los días de felicidad que me ha traído hasta ahora no se acaben nunca. Te quiero.

SI pudiera llorar de miedo en una casa sola,
si pudiera sacarme los ojos y comérmelos,
lo haría por tu voz de naranjo enlutado
y por tu poesía que sale dando gritos.

Porque por ti pintan de azul los hospitales
y crecen las escuelas y los barrios marítimos,
y se pueblan de plumas los ángeles heridos,
y se cubren de escamas los pescados nupciales,
y van volando al cielo los erizos:
por ti las sastrerías con sus negras membranas
se llenan de cucharas y de sangre
y tragan cintas rotas, y se matan a besos,
y se visten de blanco.

Cuando vuelas vestido de durazno,
cuando ríes con risa de arroz huracanado,
cuando para cantar sacudes las arterias y los dientes,
la garganta y los dedos,
me moriría por lo dulce que eres,
me moriría por los lagos rojos
en donde en medio del otoño vives
con un corcel caído y un dios ensangrentado,
me moriría por los cementerios
que como cenicientos ríos pasan
con agua y tumbas,
de noche, entre campanas ahogadas:
ríos espesos como dormitorios
de soldados enfermos, que de súbito crecen
hacia la muerte en ríos con números de mármol
y coronas podridas, y aceites funerales:
me moriría por verte de noche
mirar pasar las cruces anegadas,
de pie llorando,
porque ante el río de la muerte lloras
abandonadamente, heridamente,
lloras llorando, con los ojos llenos
de lágrimas, de lágrimas, de lágrimas.

Si pudiera de noche, perdidamente solo,
acumular olvido y sombra y humo
sobre ferrocarriles y vapores,
con un embudo negro,
mordiendo las cenizas,
lo haría por el árbol en que creces,
por los nidos de aguas doradas que reúnes,
y por la enredadera que te cubre los huesos
comunicándote el secreto de la noche.

Ciudades con olor a cebolla mojada
esperan que tú pases cantando roncamente,
y silenciosos barcos de esperma te persiguen,
y golondrinas verdes hacen nido en tu pelo,
y además caracoles y semanas,
mástiles enrollados y cerezas
definitivamente circulan cuando asoman
tu pálida cabeza de quince ojos
y tu boca de sangre sumergida.

Si pudiera llenar de hollín las alcaldías
y, sollozando, derribar relojes,
sería para ver cuándo a tu casa
llega el verano con los labios rotos,
llegan muchas personas de traje agonizante,
llegan regiones de triste esplendor,
llegan arados muertos y amapolas,
llegan enterradores y jinetes,
llegan planetas y mapas con sangre,
llegan buzos cubiertos de ceniza,
llegan enmascarados arrastrando doncellas
atravesadas por grandes cuchillos,
llegan raíces, venas, hospitales,
manantiales, hormigas,
llega la noche con la cama en donde
muere entre las arañas un húsar solitario,
llega una rosa de odio y alfileres,
llega una embarcación amarillenta,
llega un día de viento con un niño,
llego yo con Oliverio, Norah
Vicente Aleixandre, Delia,
Maruca, Malva Marina, María Luisa y Larco,
la Rubia, Rafael Ugarte,
Cotapos, Rafael Alberti,
Carlos, Bebé, Manolo Altolaguirre,
Molinari,
Rosales, Concha Méndez
,

Ichi, Paola, Maite, Carlos, Carlos Gonzalo, María, Mondi
y otros que se me olvidan.
Ven a que te corone, joven de la salud
y de la mariposa, joven puro
como un negro relámpago perpetuamente libre,
y conversando entre nosotros,
ahora, cuando no queda nadie entre las rocas,
hablemos sencillamente como eres tú y soy yo:
para qué sirven los versos si no es para el rocío?

Para qué sirven los versos si no es para esa noche
en que un puñal amargo nos averigua, para ese día,
para ese crepúsculo, para ese rincón roto
donde el golpeado corazón del hombre se dispone a morir
.

Sobre todo de noche,
de noche hay muchas estrellas,
todas dentro de un río
como una cinta junto a las ventanas
de las casas llenas de pobres gentes.

Alguien se les ha muerto, tal vez
han perdido sus colocaciones en las oficinas,
en los hospitales, en los ascensores,
en las minas,
sufren los seres tercamente heridos
y hay propósito y llanto en todas partes:
mientras las estrellas corren dentro de un río interminable
hay mucho llanto en las ventanas,
los umbrales están gastados por el llanto,
las alcobas están mojadas por el llanto
que llega en forma de ola a morder las alfombras.

Federico Guillermo,
tú ves el mundo, las calles,
el vinagre,
las despedidas en las estaciones
cuando el humo levanta sus ruedas decisivas
hacia donde no hay nada sino algunas
separaciones, piedras, vías férreas.

Hay tantas gentes haciendo preguntas
por todas partes.
Hay el ciego sangriento, y el iracundo, y el
desanimado,
y el miserable, el árbol de las uñas,
el bandolero con la envidia a cuestas.

Así es la vida, Federico Guillermo, aquí tienes
las cosas que te puede ofrecer mi amistad
de melancólica mujer femenina.
Ya sabes por ti mismo muchas cosas.
Y otras irás sabiendo lentamente.

Pablo Neruda, a Lorca
(Modificado)


Feliz Cumpleaños